timple decide qué comes cada día, con los gramos exactos, y te deja la compra hecha. Tú abres, miras qué toca y lo cocinas.
En un contador apuntas a posteriori lo que ya te comiste, buscando marcas en una base de datos infinita. En timple el plan viene hecho, con los gramos puestos, y lo único que haces es marcar lo que vas cocinando.
La diferencia no es la precisión. Es no tener que decidir.
Sexo, edad, altura, peso, a dónde quieres llegar y a qué ritmo. timple calcula tus calorías y tus macros y no vuelve a preguntártelo nunca.
Eliges cuántas comidas al día, qué días te saltas y qué alimentos te apetecen esta vez. Un motor de optimización cuadra cada comida con los gramos exactos.
La lista sale agrupada por pasillo y multiplicada por la gente que come en casa. Los catorce días siguientes solo abres la app y miras qué toca.
De pie en la cocina, con una mano, mirando de reojo. La pantalla está hecha para eso: la comida en curso enseña sus gramos, las que ya hiciste se pliegan.
Sale de los días que elijas del plan, con las cantidades ya sumadas y redondeadas a unidad de compra. Marcas mientras compras y el contador de arriba te dice cuánto queda.
La báscula sube y baja por el agua, la sal y la hora a la que te pesaste. timple dibuja la línea de tendencia y, cuando lleva semanas de datos, calcula tu gasto real y ajusta el objetivo si te has estancado.
Gastas 110 kcal menos de lo que decía la fórmula. timple te propone bajar el objetivo a 1.590 para seguir al mismo ritmo.
Conectas timple a tu IA favorita y le preguntas lo de siempre, en tu idioma y sin abrir la app. Ella consulta tu plan de verdad —tus comidas, tus calorías, tu lista de la compra— y también puede apuntar lo que has comido o cambiarte la cena.
En Claude o ChatGPT añades un conector con esta dirección:
Se abre timple, autorizas con tu cuenta y ya está. Puedes cortarle el acceso cuando quieras desde Progreso → Ajustes.
Tú eliges qué permisos das. Ni tu contraseña ni el borrado de la cuenta se pueden tocar desde ahí, y lo que se pueda perder —rehacer el plan, vaciar una comida— siempre te lo pregunta antes.
Cocinar es el momento en el que menos te apetece sacar el móvil. Le preguntas a tu altavoz qué toca comer y te lo dice; si es una receta, te va cantando los pasos de uno en uno mientras tú picas cebolla. Funciona con Alexa y, si tienes la casa montada con Home Assistant, también desde su asistente.
Te dice un paso y espera. Cuando termines, «siguiente». Si se te escapó con el grifo abierto, «repite».
Y se acuerda de por dónde ibas durante una hora: puedes callarte, irte y volver, que al abrirla otra vez te retoma donde lo dejaste.
Por eso solo puede hacer tres cosas: marcar una comida como comida, montar un día que esté vacío y cambiar para cuánta gente cocinas.
No toca recetas, no cambia gramos, no desmarca lo que ya marcaste y no dice tu peso en alto. No es que no se lo hayamos enseñado: es que no tiene permiso.
timple se hizo para resolverle el problema a una persona. Ya que está hecha, está abierta a quien le sirva: entera, sin recortes y sin nada esperando detrás de un botón.
Sin suscripción, sin anuncios y sin vender tus datos a nadie. No hay negocio detrás que necesite alimentarse.
Mismas funciones en las tres, y el mismo plan: entras con tu cuenta y sigues donde lo dejaste. La web basta para empezar; la app añade el recordatorio de peso en el móvil.
Su autor perdió peso durante dos años con una app que después se volvió inestable, se llenó de recetas de marca y le metió un chat de IA que no había pedido. Lo que le funcionaba no era la motivación: era no tener que decidir.
timple es el 20 % de aquella app que de verdad usaba, hecho bien. Sin suscripciones, sin anuncios y sin funciones que nadie pidió: cada pantalla que te obliga a elegir algo tiene que justificar su existencia.